¿Por qué apostamos si es muy difícil ganar? La psicología lo explica

Si lo calculáramos fríamente, ¿cuántas chances reales podemos tener de hacer saltar la banca cada vez que jugamos a la quiniela, bingo o lotería? Realmente parece que muy pocas. Y aún así persistimos. Parece que no tiene explicación lógica, aunque sí para la psicología, que lo intenta a explicar en parte. ¿Ansioso por descubrirlo? A continuación, lo revelamos.

Pandemia y encierro mediante, los entendidos en salud mental y juego explican que es demasiado probable que, solo por falta de motivación, aburrimiento o necesidad de mejorar la economía real, ya muchas personas hayan utilizado alguna parte de sus ingresos en apostar cifras a algún juego de azar online, Loterías Mundiales, o hasta de escapada a la agencia que quedó abierta.

Las motivaciones

Se explica en buena medida por algo tan innato como social, la tradición enraizada en un conjunto de personas, que hace las veces de simbología cultural y, además, porque sabemos que alguien lo saca, entonces, por temor a no serlo, pagamos el precio mínimo a la espera del poco máximo.

Y así, aunque la teoría diga que es demasiado difícil cantar fortuna entre millones de apostadores, y encima hacer que las cifras sean justo las elegidas, continuamos usando dinero del bolsillo para comprar uno o varios cartones. Fe, que le dicen.

Para los entendidos, el solo hecho de ver, escuchar y sentir la emoción de personas que se vuelven conocidas por haber hecho saltar una banca, la que sea, ya es sinónimo de empatía y probabilidad.

Decenas de informes psicológicos concluyen en ello. En especial, hay un par de conductas asentadas como individuos en la vida social, que nos llevan todo el tiempo a querer apostar de nuevo a ese o aquel cartón, entre ellas:

– El entusiasmo: ese pecar de impulsivo aun cuando no hay evidencia empírica de que vayamos a ser los próximos afortunados. Es entonces el deseo de ver ese dinero en mano, el que nos nubla la realidad que pide cautela en el gasto. Hay una especie de engaño cerebral en el que nos creemos, basados en el optimismo, que seremos los ganadores. Y es que claro, alguna probabilidad hay.

– Rasgo de existencia: quizás, en el que se apoya el creer desmedido. Ya vimos que alguien lo ganó alguna vez. Y eso alcanza. Nos apegamos a la chance porque hay un otro que antes pudo. Y hasta puede que lo conozcamos.

– La publicidad: el famoso consumismo que nos “obliga” a gastar. Si vemos publicidad gigante, baners en internet y carteles en las agencias hablando de los millones del pozo del Plus para esta semana, https://www.loteriasmundiales.com.ar/Juegos/plus , es muy probable que caigamos a los pies con la esperanza de ser los próximos afortunados. Y en ese círculo, ya no importa si sale más dinero, se debe jugar igual, porque sino hay trauma, “¿y si hubieran salido mis números?”.

– El trébol engañoso: nos creemos que la suerte puede estar de nuestro lado, y eso es un festín para los especialistas. No vemos que realmente es azar, y nos lanzamos a la suerte porque ella lo puede todo. Y es cómico de ver como si hemos estado cerca, repetimos con más énfasis y más billetes, sin frenar a ver que no tiene que ver.

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